Elena Gutiérrez
Son ambiciosas y obstinadas. No se conforman. Y la labor del seleccionador es alzar los ánimos y hacer del cuarto puesto un nuevo paso en el progreso de la selección. “Derrotas como esta han de servirnos para madurar”, dijo un reflexivo Jorge Dueñas, quien no se esconde cuando se ha de analizar los errores y admitir los hechos, como bien ha demostrado a lo largo del mundial. No busca excusas y asume, de igual manera que fortalece la mentalidad de sus jugadoras, como un bálsamo en las derrotas y con un discurso exigente en las victorias.
España lidia con las grandes potencias tuteándolas como si lo hubiera hecho siempre. Como un acto cotidiano. Y por ello, se ha de estar orgullosos de lo conseguido, pues continúa siendo un paso en un camino firme, una nueva mejora en los resultados y una confirmación de que España va en serio. Tan sólo hace un año que la selección española se apuntó la plata en Macedonia, pero ¿cuántas veces antes habíamos aceptado que quedar entre los cuatro primeros de cualquier competición era una verdadera utopía? Y, fíjense, si ha cambiado la visión de nuestra selección que ya hasta la vemos con posibilidades de llegar a fina
les y, por qué no, de ganarlas. Todo ello gracias a este grupo. Esta vez no se pudo conseguir metal. Y, sin duda, el golpe más duro sufrido fue la derrota ante Francia, que nos dejó rozando con las yemas la gloria. "Cuando te quedas a las puertas de la final, te sabe a poco todo lo demás", decían las jugadoras el día anterior a la pugna por el bronce.Los ojos resplandecientes de lágrimas de la capitana española Noelia Oncina, mientras se abraza con Ambros Martín, tras la derrota ante Noruega en la pugna por el bronce, hacen emocionarse a cualquiera que haya seguido de cerca la evolución de estas mujeres, que las haya visto cada sábado con sus equipos y que las vea ahora luchar por competiciones de renombre internacional.
les y, por qué no, de ganarlas. Todo ello gracias a este grupo. Esta vez no se pudo conseguir metal. Y, sin duda, el golpe más duro sufrido fue la derrota ante Francia, que nos dejó rozando con las yemas la gloria. "Cuando te quedas a las puertas de la final, te sabe a poco todo lo demás", decían las jugadoras el día anterior a la pugna por el bronce.Los ojos resplandecientes de lágrimas de la capitana española Noelia Oncina, mientras se abraza con Ambros Martín, tras la derrota ante Noruega en la pugna por el bronce, hacen emocionarse a cualquiera que haya seguido de cerca la evolución de estas mujeres, que las haya visto cada sábado con sus equipos y que las vea ahora luchar por competiciones de renombre internacional. Personalmente, me quiero quedar con la primera imagen, la de la emoción y felicidad, porque el balonmano femenino español se va abriendo camino, se va dejando ver en los medios de comunicación, gracias a ellas. A su trabajo, a su ilusión, por estar ahí, por dejar años de su vida sin tener un futuro asegurado después, porque realmente disfrutan y nosotros con ellas.¡Gracias a todas por seguir creyendo en el balonmano femenino!

